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La Leyenda del Genio, un cuarto de siglo sin Camarón.

La exposición ‘La leyenda del Genio’ repasa la vida de Camarón a través de la pintura y la sensibilidad artística de Sete González.

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Tres anillos en cada mano, pulseras y relojes en la muñeca, calabrotes de oro al cuello; una voz desgarrada, un oído finísimo y una intuición musical privilegiada. En el barrio de las Callejuelas de San Fernando (Cádiz), donde su cuerpo chiquito vio la luz el 5 de diciembre de 1950, le llamaban Camarón por el color de su pelo: dorado, extraño en el universo gitano donde aprendió que la ilusión de la vida es un momento.

José Monge Cruz, Camarón de la Isla, leyenda del flamenco y uno de sus mayores exponentes, le cantaba a la vida y a la melancolía a partes iguales. Tímido e introvertido, el diluvio de creatividad que el gitano rubio derrochaba en el escenario revolucionó el cante. Convirtió en universal un pedazo de cultura que allá por los setenta (cuando se iniciaba en eso de la fama que no llevó del todo bien) formaba parte de una sabiduría minoritaria.

Apenas pisó el colegio. Lo justo para aprender a leer, las cuatro reglas y poco más. Sin embargo, supo encontrar la esencia de su pueblo y su cultura milenaria en iconos que le acompañaron a lo largo de su carrera artística. Que se hicieron eco de su genialidad. Se pasó diez años grabando con Paco de Lucía. Tomatito fue su compañero fiel. Conjugó el flamenco con el rock al lado de Kiko Veneno o Carles Benavent; se arrimó a la electrónica cuando apenas despuntaba (igual ni existía). Soportó las críticas de los más apegados a la tradición y  los halagos del resto del mundo. Estas, las alabanzas, le arrastraron a la autodestrucción.

Vivió rápido, murió joven y es posible que consiguiera un bonito cadáver (aunque cuenta la leyenda que al abrir el féretro que lo trajo de Badalona y ver la camisa inadecuada, se la cambiaron por una de lunares rojos). Pero lo cierto es que su muerte, el 2 de julio de 1992, fue un zarpazo. No sólo para su familia, sus amigos, su entorno más íntimo. Los que descubrimos con Camarón ese universo musical y artístico que es el cante jondo nos quedamos desolados.

Con motivo del 25 aniversario de su desaparición, da comienzo el Año Camarón. Un documental sobre su figura, un proyecto de museo que recoja su legado, un congreso —en octubre— y un concierto en el que colaborarán sus hijos son algunas de las actividades programadas para revivir el mito del cante roto de Camarón. Pero además, La Venta de Vargas —lugar emblemático del flamenco donde José comenzó su andadura— rinde homenaje a su figura a través del arte. Concretamente, el de la pintura y la sensibilidad de Sete González.

Sete es dibujante-ilustrador, skater y músico flamenco. Una mezcla de alto voltaje gestada en el asfalto madrileño que, entre el cómic y el Street Art, sucumbió ante la genialidad de Camarón. Gracias a él, me cuenta, pude sentir y entender la intensidad el flamenco. Por ello, hace tres años comenzó a preparar este particular homenaje a su figura. Se lo debo, insiste. Así nació La leyenda del Genio.

La muestra, inaugurada el 2 de Julio en La Venta de Vargas de San Fernando —emblemático lugar donde José comenzó su andadura como cantaor—, permanecerá allí durante los meses de julio y agosto. Después viajará hasta Sevilla (Mude Market, del 25 de septiembre al 13 octubre), Madrid (Casa Patas, del 1 de noviembre al 1 de diciembre) y Nueva York (La Nacional, Manhattan).

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