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El enérgico final de la Sinfonía Simple de Britten.

El revoltoso y rápido final de la Sinfonía Simple del que, más tarde, sería catalogado como el gran compositor británico del siglo XX.

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Edward Bejamin Britten está considerado como el compositor inglés más signicativo desde Henry Purcell y el músico que despertó a la música inglesa de un sueño de 300 años. Britten nació el 22 de noviembre de 1913, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, en Lowestoft, en la costa de Sufolk. Niño prodigio, Britten inició sus estudios musicales con su madre, cantante aficionada que le dio sus primeras lecciones de piano. A los catorce había completado una sinfonía, seis cuartetos para cuerdas y diez sonatas para piano. Hacia finales de 1933, siendo un joven de veinte años, Britten se enfrascó en la composición de dos obras que confirmarían su formación académica en el Royal College of Music de Londres, las variaciones corales A boy was born Op. 3, y la Simple Symphony Op.4, una obra escrita para orquesta de cuerdas que hoy merece nuestra atención.

Sin embargo la Simple Symphony, que se suele incluir en sus obras de formación, es muy anterior.De acuerdo con las notas del propio compositor, la obra está enteramente basada en material de piezas compuestas, sin relación alguna entre ellas, entre los nueve y los doce años de edad. Los dos temas del primer movimiento, Boisterous Bourrée, están tomados respectivamente de la Suite Nº1 para piano de 1926, y de una canción escrita en 1923. El segundo movimiento, Playful Pizzicato, viene del scherzo para piano de 1924, y el tema del trio del mismo movimiento lo constituye una canción del mismo año. Los temas del tercer movimiento, Sentimental Saraband, provienen de la Suite Nº3 para piano de 1925 y de un vals para piano de 1923. El último movimiento, Frolicsome Finale, se deriva de la Sonata Nº9 para piano de 1926 y de una canción compuesta en 1925.

Resulta curioso que desde su estreno el 6 de marzo de 1934 en el Festival de Norwich, bajo la dirección del mismo Britten, el compositor no quiso volver a saber nada de una de sus obras orquestales más admiradas, al menos hasta que la grabó 1969, cuando ya era un compositor admirado. También es llamativo que Britten hiciera una obra como esa en ese momento. Durante sus últimos meses en el Royal College of Music, Britten estaba volcado en la música de vanguardia y muy interesado en la Segunda escuela de Viena, al igual que su mentor Frank Bridge. Sus intenciones eran poder irse a Viena a estudiar con Alban Berg. Pero sus padres se lo prohibieron. Quizás por eso, la obra no refleja ninguna experimentación. Pero el resultado es una obra intemporal que refleja perfectamente el complejo valor artístico de las obras de Britten.

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