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Kenzaburo Oé, el escritor de la expresión del dolor humano.

Premio Nobel de Literatura de 1994, nació el 31 de enero de 1935 en Ose, Japón.

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Kenzaburo Oé nació en la localidad montañosa de Ose, prefectura de Ehime, en la isla de Shikoku, Japón, donde junto con sus siete hermanos pasó su infancia y adolescencia, en plena Segunda Guerra Mundial. Kenzaburo desciende de una estirpe de terratenientes de herencia samurái cuyos miembros apenas habían salido de su aldea. En 1944 murió su padre, luchando en la Guerra del Pacífico, y también su abuela, que le había enseñado los antiguos mitos y las leyendas que retomaría después en algunas de sus novelas.

Kenzaburo estudió secundaria en la ciudad de Matsuyama y después en la Universidad de Tokio, para lo que tuvo que perfeccionar su japonés, pues hablaba el dialecto de su región de origen. Finalmente se licenció en literatura francesa con una tesina sobre el imaginario en la obra de ficción de Sartre, decidiendo entonces que se dedicaría exclusivamente a la literatura. Siendo todavía estudiante había publicado su primera obra, Un extraño trabajo y, poco después, El orgullo de la muerte, en las se ya se aprecian los elementos que definirán toda su narrativa y una profunda influencia de la literatura occidental. En 1958 recibe el premio Akutagawa por La Presa, relato con el que se da a conocer como una de las grandes promesas de la nueva generación de escritores. Le seguirá la novela Arrancad las semillas, fusilad a los niños. En ambos libros muestra su personal estilo y su aversión a la guerra que se convierte en un tema recurrente en su obra.

A principio de los sesenta se convierte en portavoz de la oposición estudiantil que se reveló contra la renovación del Tratado de Seguridad firmado entre Estados Unidos y Japón, el militarismo y el sistema económico y político japonés. En el 63 nace su hijo Hikari con una minusvalía grave, drama que lo lleva a viaja a Hiroshima para empaparse de dolor. Fue el viaje más extenuante y depresivo de su vida. Pero, al cabo de una semana de estar allí, encontró la clave para salir del profundo pozo en el que había caído, gracias a la profunda humanidad de las gentes que conoció, a pesar del sufrimiento. Fui yo el que salí de allí animado por ellos, y no al revés, declararía más tarde. Además, su viaje dio como resultado un largo ensayo, Notas sobre Hiroshima, y su obra maestra Una cuestión personal, su novela más conocida y la primera que se tradujo al inglés. En 1994 recibió el premio Nobel de Literatura, el segundo japonés en obtenerlo después de Yasunari Kawabata. Sin embargo, no aceptó recoger de manos del emperador la Condecoración de la Orden Imperial de la Cultura, una de las distinciones más importantes y codiciadas de Japón, por representar lo opuesto a la democracia.

Utilizando siempre un lenguaje directo y con una dura visión de la sociedad nipona, como los diez mandamientos las obras de Oé se encierran en dos, las que cuestionan los mitos nacionales y reflejan el choque de sus tradiciones frente a la modernidad, y las centradas en sus fantasmas personales y la figura del hijo discapacitado. Además de en las ya señaladas, de todo esto se puede aprender y disfrutar en otras de sus muchas obras destacadas, como El grito silencioso, Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura, Notas sobre Okinawa, Las aguas han invadido mi alma, Juegos contemporáneos, ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!, La torre de tratamiento, Cartas a los años de nostalgia, Salto mortal y Renacimiento.


Citas

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Ya me lo decía mi madre: Con esas orejas, Kenzaburo, vas a tener que estudiar mucho para poderte casar.
Ya me lo decía mi madre: Con esas orejas, Kenzaburo, vas a tener que estudiar mucho para poderte casar.

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Un buen escritor no debe estabilizarse nunca.
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Mi debilidad como escritor es no haber tenido amantes, porque eso me ha dejado sin material para escribir.
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Estamos sometidos a la mirada de las víctimas de la energía nuclear.
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Posiblemente aprendí más de la poesía que de la novela.
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Para dominar el miedo, tienes que aislarlo. Y para ello tienes que definir su objeto con precisión.
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Si uno miente para salir de un apuro, debe hacerlo de manera que no necesite mentir otra vez cuando se conozca la verdad.
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Una vez que se ha pensado algo, es inevitable la mediación del lenguaje.
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Echo un vistazo a mi vida y pienso que soy una especie de moralista, al igual que Don Quijote o Sancho Panza.
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La importante lección del drama de Hiroshima es la dignidad.
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Mi aldea, Europa y Tokio, condensan mi universalismo y a la vez mi identidad japonesa como literato.
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Desde niño tengo interés en cómo nuestro limitado cuerpo encaja el sufrimiento.
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