John Dos Passos, uno de los miembros esenciales de la generación perdida.

Nació en Chicago el 14 de enero de 1896.

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El período de entreguerras fue uno de los periodos más turbulentos de la historia occidental. El auge del fascismo y el comunismo, el crack del 29 en Wall Street y la guerra civil en España fueron acontecimientos que tuvieron importante resonancia mundial. Pero también es una de las épocas más ricas en creatividad gracias al surgimiento de las vanguardias, movimientos artísticos nacidos con la intención de romper con el arte convencional. La literatura estadounidense no constituye una excepción en ese mundo en ebullición. Es en el período de entreguerras cuando convergen los protagonistas del Harlem Renaissance, el Modernism y de la Generación Perdida, un grupo de escritores -entre los que se encuentran Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Ezra Pound, William Faulner y John Dos Passos- que reflejan el clima de confusión y pesimismo tras la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión. Frustrados por el vacío cultural de su país, la mayoría de ellos viajó en algún momento a Europa y se instalaron en París, donde vivieron intensamente el ambiente artístico de los felices años veinte.

John Dos Passos es uno de los escritores más relevantes del siglo XX. Su padre fue John Randolph Dos Passos, hijo de un inmigrante portugués y una dama sureña. John Randolph abandonó muy joven la casa paterna y durante la guerra de secesión se alistó como tambor en el ejército del norte. Acabado aquel conflicto, se hizo abogado, profesión que le permitió alcanzar una gran fortuna. Su primer matrimonio fracasó, aunque legalmente no se disolvió. Después, John Randolph comenzó una relación con Lucy Spring Madison, una viuda de la alta sociedad de Virginia, con la que tuvo un hijo nacido en la habitación de un hotel de Chicago. Así nació nuestro protagonista de hoy, John Rodrigo Dos Passos, aunque hasta que cumplió los dieciséis su nombre fue John Rodrigo Madison, identidad que pudo cambiar al contraer matrimonio sus padres, una vez viudo el viejo John Randolph. Lo que siguió fue una vida acomodada y cosmopolita en la que su padre no reparó en gastos para ofrecerle a su hijo la mejor educación.

Antes de graduarse en la Universidad de Harvard -famosa por su prestigio académico y proyección social- John y su madre vivieron en Bruselas y Londres con viajes intermitentes a Virginia y Washington. Después amplió sus estudios de Literatura, Arquitectura y Arte en España. Se alistó voluntario durante la Primera Guerra Mundial, una experiencia que lo marcó profundamente y lo empujó a escribir su primera novela, La iniciación del hombre, en la que evocaba sus experiencias como conductor de una ambulancia en el frente de batalla. Tras el armisticio permaneció en París e ingresó en la Universidad de La Sorbona para estudiar Antropología. El reconocimiento le llegó poco después con Manhattan Transfer y la Trilogía USAParalelo 42, 1919 y El gran dinero-. Su experiencia en la Gran Guerra y su compromiso político lo llevó también a rebelarse contra la injusticia de casos como los de su amigo comunista José Robles, hijo de una familia española aristocrática y monárquica, o el Sacco y Vanzetti. En 1927, unos meses antes de la ejecución de los anarquistas, Dos Passos ultimó la redacción de Ante la silla eléctrica, su visión de aquella causa repleta de irregularidades, y en 1928, se marcha a la Unión Soviética para estudiar el sistema socialista.

Alarmado por la deriva del estalinismo, cuando regresa a España con Ernest Hemingway para unirse a las Brigadas Internacionales, su visión del comunismo había experimentado un cambio radical, que le llevó a enemistarse con Hemingway, a quien consideraba demasiado comprometido con el régimen soviético. Su libro Hombre joven a la aventura, publicado en 1939, le distancia de muchos viejos amigos. Durante la Segunda Guerra Mundial, Dos Passos trabajó como corresponsal de guerra, mientras las ventas de sus libros van descendiendo de un modo imparable. A pesar de todo, y aunque los críticos señalaban que el escritor había perdido el talento y el vigor narrativo de antaño, seguirá escribiendo hasta su muerte en Baltimore, en 1970.


Citas

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Perder a viejos amigos por acumulación de pequeñas faltas es uno de los más dolorosos sucesos.
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La gente no elige su carrera, son devorados por ella.
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Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre.
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Somos libres: libres como las barcas perdidas en el mar.
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Si hay un infierno especial para los escritores sería forzosamente contemplar sus propias obras.
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El único elemento que puede substituir la dependencia del pasado es la dependencia del futuro.
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La fortuna llama sólo una vez a la puerta de la juventud.
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Trabajamos para comer para obtener la fuerza para trabajar para comer para obtener la fuerza para trabajar para comer para obtener la fuerza para trabajar para comer para obtener la fuerza para trabajar.
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No tengo suficiente fe en la naturaleza humana como para ser anarquista.
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La creación de una visión del mundo es el trabajo de una generación más que de una persona, pero cada uno de nosotros, para bien o para mal, añade su propio ladrillo.
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