Erik Satie, el compositor en el que se reúnen todas las audacias y todas las imprudencias de la música.

El compositor Erik Satie nació en Honfleur, Francia, el 17 de mayo de 1866.

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El 1 de julio de 1925 se apagaba en el hospital de Saint-Joseph de Paris la vida de Erik Satie, que no había llegado a cumplir los sesenta años. Siempre humilde pero incansable en su búsqueda de nuevas alternativas frente a la tradición, murió cirrótico, con los pulmones encharcados y acompañado por sus amigos. A su entierro acudieron Francis Picabia, con quien había colaborado en el controvertido ballet Relâche, el matrimonio de primos Milhaud, su amiga Valentine Hugo o su hermano Conrad, que le apoyo fielmente a lo largo de toda una vida.

Lejos quedaban ya las noches como pianista de cabarets como Le chat noir o L’Auberge du clou, la colaboración con Diaghilev y Picasso para el ballet Parade, su amistad con Debussy, la tormentosa y breve relación que mantuvo con la pintora Suzanne Valadon, o su regreso al estudio del contrapunto y la composición en la Schola Cantorum, una decisión muy arriesgada para alguien que ya estaba consagrado como compositor de moda en el París fin de siècle gracias, sobre todo, a las Ogives (1886), Sarabandes, (1887), Trois Gymnopédies, (1888) y Gnosiennes (1890).

Erik Satie nació un año después del fallecimiento de Baudelaire, el impulsor de una nueva forma de concebir la expresión artística, y como él precedente y por tanto ajeno completamente a las corrientes estéticas de su tiempo. En pocas palabras y utilizando las del musicólogo Alexis Roland-Manuel, Satie fue el consejero secreto de todas las audacias y todas las imprudencias de la música francesa. Satie fue devoto de Bach, de Stravinsky, y del viejo canto llano, lector de Lewis Caroll, y un filántropo que enseñaba solfeo a niños pobres o acompaña al piano a cantantes aficionados. Satie propuso una música nueva desafiando los propios límites del arte.

Irónico, mordaz, camaleónico, incisivo y con un peculiar sentido del humor, Erik Satie se anticipó a la cultura de la fama creándose su propia personalidad pública, la que paseaba por los cafés y cabarets de París aun a riesgo de convertirse en una parodia de sí mismo.


Citas

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Yo me llamo Erik Satie, como todo el mundo.
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Todo el mundo le dirá que no soy músico. Es exacto.
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Cuando era joven me decían: Ya verá Ud. cuando tenga cincuenta años... Bien. Ahora tengo cincuenta años y aún no he visto nada.
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Los artistas de nuestro tiempo se están convirtiendo en hombres de negocios, tienen los mismos razonamientos que los notarios.
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Cuando un señor hable de la “decadencia actual”, mírenle a ver qué cara tiene.
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He aprendido siempre mucho más de los pintores que de los músicos.
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Vine al mundo demasiado joven para una época tan vieja.
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El músico es quizás el más modesto de los animales, pero también el más orgulloso, pues es el que inventó el sublime arte de arruinar la poesía.
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Pues si he de ser alumno de alguien, creo poder decir que sólo lo soy de mi­-mismo.
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A cualquiera: Prohíbo leer en voz alta el texto durante el transcurso de la ejecución musical. Todo incumplimiento de esta observación levantará mi justa indignación contra el petulante. No se conceden privilegios.
A cualquiera: Prohíbo leer en voz alta el texto durante el transcurso de la ejecución musical. Todo incumplimiento de esta observación levantará mi justa indignación contra el petulante. No se conceden privilegios.

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Los he compuesto para un perro. Van dedicados al mismo animal. Se suplica a los que no lo entiendan que observen con el más respetuoso silencio y que muestren una completa actitud de sumisión, de total inferioridad. Ése es su verdadero papel.
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