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Elías Canetti, misterioso Premio Nobel de Literatura.

Nació el 25 de julio de 1905 en Rusçuk, ciudad del Imperio otomano, ahora Ruse, en la actual Bulgaria.

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De Elías Canetti, que nació en Bulgaria un 25 de julio, conocemos tanto que su obra ha sido reconocida con el Premio Nobel de Literatura pero no por ello olvidamos que nos queda todavía mucho por descubrir por más que él se haya despedido ya del mundo. Y es que, según dejó dispuesto en su testamento, no podrá hacerse público el conjunto de su obra personal hasta el año 2024, de ahí que lo sintamos todavía hoy como un escritor que guarda todavía misterios y secretos en la Biblioteca Nacional de Zurich, donde se conservan sus diarios.

Elías Canetti nació en el seno de una familia de origen sefardí, de hecho, el apellido Canetti es una adaptación del original español ‘Cañete’ que hicieron sus antepasados cuando fueron expulsados de España; nació en Bulgaria pero vivió entre Alemania y Austria, donde se licenció en ciencias naturales y química y se doctoró en filosofía y letras; cuando Hitler invadió Austria, huyó a Londres vía París.

Fue un hombre de gran cultura y diversidad linguística -hablaba castellano antiguo, búlgaro, alemán e inglés-; crítico con las dictaduras y el nazismo alemán, también con la cultura británica a pesar de que le fue concedida la nacionalidad de ese país.

Era un hombre de mundo y del mundo, su obra cumbre es Masa y Poder, escrita en Londres bajo la influencia de la Alemania nazi a pesar de que Canetti la consideró el trabajo de toda una vida porque tardó 40 años en escribirla.

Disfrutó en su tiempo del reconocimiento internacional a todos los niveles, además del Premio Nobel de Literatura en 1981, fue miembro de la Real Academia Alemana de la Lengua.

Se casó dos veces, enviudó de su primera mujer y, ya en su segundo matrimonio, tuvo una hija. Abandonó el Reino Unido en 1988 y se instaló definitivamente en Zurich, allí moriría mientras dormía en 1994.


Citas

1 / 6
Uno no sabe nunca lo que resulta si las cosas cambian de repente; ¿pero sabe uno lo que resulta si no cambian?
2 / 6
Todo lo que ha ocurrido teme a su palabra.
3 / 6
Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta.
4 / 6
Nubes en lugar de ideas. Se forman sobre las cabezas de los pensadores, el viento se las lleva y se derraman sobre zonas áridas de ideas.
5 / 6
Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido.
6 / 6
Uno debe terminar antes de haber dicho todo. Algunos lo han dicho todo antes de empezar.

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