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Arthur Conan Doyle, el médico y caballero que creó a Sherlock Holmes.

Arthur Conan Doyle, médico y escritor, padre de Sherlock Holmes, nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo, Escocia.

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Arthur Conan Doyle (Arthur Ignatius Conan Doyle) nació en Edimburgo en una familia de irlandeses católicos. Su madre, una mujer sensible y lectora, despertó muy pronto en el niño la afición por la lectura. Gracias a la ayuda económica de los miembros acomodados de su familia, Arthur estuvo interno en el colegio de los jesuitas en Stonyhurst, Lancashire, donde entró como un católico de nueve años y salió como un agnóstico de 17. En todos esos años, jamás destacó en los estudios, aunque sí lo hizo por su agudo sentido del humor y su habilidad como jugador de cricket.

En 1876 comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de Edimburgo, donde coincidió con otro literato que alcanzaría la fama, Robert Louis Stevenson. Pero no sería el escritor de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde quien le causó un impacto mayor, sino el profesor Joseph Bell, un ejemplo de capacidad de observación y deducción aplicada al diagnóstico clínico.

Antes de acabar la carrera tuvo que embarcarse como cirujano en el Hope, buque ballenero en el que descubrió el valor de la camaradería en los hombres del mar mientras navegaba por el Atlántico Norte. Pero al poco de acabar, tuvo tanto éxito en su carrera literaria que pronto abandonó la medicina y se dedicó por entero a escribir.

Gracias a Las aventuras de Sherlock Holmes se hizo mundialmente famoso y popularizó el género de la novela policiaca. Es muy probable que Sherlock Holmes estuviera inspirado en el viejo profesor de la Facultad de Medicina, y que su acompañante, el doctor Watson, fuera el alter ego del propio Arthur Conan Doyle. En cualquier caso, con la publicación en 1877 de Estudio en escarlata, la novela cuyo primer capítulo se titulaba Sherlock Holmes, acababan de nacer dos personajes que pronto ocuparían por derecho propio el lugar que les correspondia en la Historia de la Literatura universal.


Citas

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Cualquier verdad es mejor que la duda indefinida.
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Ha sido durante mucho tiempo mi axioma que las pequeñas cosas son infinitamente lo más importante.
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Donde no hay imaginación, no hay horror.
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Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.
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Datos, datos, datos. No puedo hacer ladrillos sin arcilla.
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La impresión de una mujer puede ser más valiosa que un análisis razonable.
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Las verdades importunas no son populares.
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8 / 10
He aprendido a nunca ridiculizar la opinión de cualquier hombre, por extraña que pueda parecer.
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Es un pensamiento tonto enseñar a los hombres a ser perros de mala raza en la paz y pensar que serán leones en la guerra.
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Las promesas son como los hojaldres… están hechas para romperse, querido Watson.
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