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Asador Etxebarri, la gran sorpresa de la Lista Restaurant.

El restaurante del valle de Atxondo asciende en la prestigiosa escala de los mejores restaurantes del mundo a velocidad de vértigo.

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Los hermanos Roca no han dejado de recibir felicitaciones desde que su Celler de Can Roca fuera elegido, por segunda vez en su historia, como ‘el mejor restaurante del mundo’ por la revista especializada ‘Restaurant’. Pero no fueron los únicos maestros de la cocina española en aparecer en la misma, pues templos gastronómicos como Mugaritz, con Andoni Luis Aduriz al frente, o el Asador Etxebarri también se colaron entre los primeros 15 puestos.

Este último establecimiento fue uno de los que más llamó la atención. Y no porque se ponga en duda la calidad de las comandas que se sirven en este bucólico rincón del valle de Atxondo, sino por su meteórica propulsión en el escalafón, ganando 21 puestos en un año y metiendo de lleno a la tradición gastronómica del País Vasco en el Olimpo mundial (máxime si tenemos en cuenta que Arzak cayó al puesto 17 y Martín Berasategui al puesto 61º).

Etxebarri es un asador a la antigua usanza. Situado junto a las faldas del Anboto, sigue poniendo el acento de su éxito en la selección de diferentes tipos de leña para cocinar en su fuego platos sabrosos y rotundos. De sus mágicas brasas salen menús confeccionados el mismo día, con productos de mercado que no desdeñan un buen pescado, una pieza de marisco o la mejor carne (el precio medio es de 125 €/persona, sin incluir bebidas ni impuestos).

Con Víctor Arguinzoniz al frente, aquí no hay vanguardia, sino materia prima de altura, presentada en su punto perfecto de elaboración. Y esto se aplica tanto a su Caldo de gallina, mantequilla de leche de cabra y sal negra como a las Anchoas al salazón sobre tosta de pan crujiente; pasando por las gambas de Palamón, el guisante de lágrima o las cocochas de bacalao.

Con una terraza perfecta para rematar un almuerzo con las mejores vistas del valle y un café (o un sorbete de fresas, si se prefiere algo más dulce), desplazarse hasta Atxondo está más que justificado.

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