The Sunday Tale+por Berta Rivera
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Un año.

El pequeño se dejaba caer de la silla a sus manos, las esperaba, las sabía ahí a tiempo de abrazarlo antes de llegar al suelo...

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Las risas, sonrisas y otras muecas fueron desplazadas de la carita del pequeño por el mayor de los asombros; de pie sobre una silla y frente a su pastel de cumpleaños, no apartaba sus ojos del baile continuo e inquieto de la llama sobre la vela. Un año.

Ricardo vigilaba las intenciones del pequeño y el camino de sus manos, llevando hacia ambos todas las miradas; era difícil verlos juntos y no pararse a observarlos, pareciera que el pequeño hubiera sido modelado y dibujado por sus manos a imagen de su emoción y su buen gusto, como si hubiese volcado en él un trozo de su ser bueno. El pequeño se dejaba caer de la silla a sus manos, las esperaba, las sabía ahí a tiempo de abrazarlo antes de llegar al suelo, tentadoras frente a él en sus primeros pasos, llevándolo siempre uno más hacia delante, cada vez más seguro, más firme, más rápido…

Llegaban tarde, y esta vez la culpa no era de ella y su armario lleno de “tengo que ir de compras”, había sido cosa de él y su empeño en llenar el día más allá de lo que sus horas pueden dar de sí; enseguida superaron ambos el disgusto y las prisas pues era el momento de la piñata, la fiesta, las risas, el baile… ineludible la música e Iñaki al mando, con sus pocas palabras y multitud de notas y acordes; con su saber de padre y su alma de músico daba ritmo a la vida del pequeño.

Alicia lo cogió en brazos recordando el principio del año que acababan de soplar en una vela, recordando los primeros cuentos, que fueron los suyos, y pensando en tantos que le quería contar en el año siguiente y el siguiente… Sonrió al cruzar su mirada con la de Ana que no había tardado tampoco en ilustrarle un cuento y allí estaba, con su cajón de letras, de todos los tamaños formas y colores, pensando siempre en enseñarle a componer palabras, nombrarlas y sentirlas, en dar vida a esa sonrisa perenne que llevaba siempre el pequeño en sus labios. Ella se acercó a ambas para dejar un achuchón en los mofletes del cumpleañero.

Mientras las chicas bailaban al niño, él saludaba a Pau, que compartía gominolas con Jaime y con Jorge, tocaban estos últimos a más porque con Pau nunca se sabía si estaba o no, iba y venía… y en un venir, vino con Marta C. que amenazaba con hacerle un ONE al pequeño; moción a la que se sumaron todos cuando vieron las fotos que Marta le había hecho con su cámara, estuvieron de acuerdo en que daban para un ONE e incluso para un Mosaico

A ella le encantaba aquel bullicio, el sonido de risas, de copas al brindar, el cumpleaños feliz, el ruido del papel de regalo al romperse…

Fátima y Rocío se acercaron a Ángela atraídas por su maletín… Y es que allí estaba con su estuche de óleos y acuarelas, una libreta y cartulinas de colores para hacer un mural o un cuadro… Para ayudar al pequeño a pintar un sueño y colgárselo del alma a modo de brújula para la vida. A Fernando le encantó la idea porque él es de los que animan a querer y a poder, a intentarlo, a vivir y bien vivir, a ser feliz.

Ella se acercó a Tania y Noelia que hacían carantoñas a Teresa y sus pocos meses; despierta y feliz, invitada de honor del cumpleaños, lo miraba todo como queriendo aprendérselo, su mamá, Victoria, la observaba con ese mismo ansia de aprehenderlo todo, de no perderse ni un gesto de su carita, ni una expresión de sus ojos. Ella meció a Teresa entre sus brazos, sin darse cuenta de que él inmortalizaba el momento y la expresión de su cara…

Y, mientras inmortalizaba momentos, su mente volaba a otras fiestas, otros años… Pero volvía su mirada hacia ella… y regresaba de sus recuerdos, de su divagar.

El pequeño escuchaba entonces a Marta A. con gran curiosidad mientras le contaba una historia de viajes que salpicaba Sofía con deliciosos bocados dulces y salados; Rebeca y Pedro insistían en jugar con el pequeño y una pelota de  golf ante la risa de Trykita que encontraba mucho más interesante enseñarle a jugar con el iphone… Lili observaba la escena, discreta como no es ella… Y observaba también quien suscribe, para luego contarlo en un cuento de domingo.

Y brindaron por un año vivido, saboreado, presumido, vestido, lucido, conectado, rodado, viajado y visto…

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