The Sunday Tale+por Berta Rivera
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Un brindis al sol.

"Siempre había mantenido que no era buena idea acudir como soltero a casa de amigos casados … por muy viejos y buenos que fueran los amigos ..."

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Siempre había mantenido que no era buena idea acudir como soltero a casa de amigos casados … por muy viejos y buenos que fueran los amigos o encantadoras sus esposas … y para una vez que se saltaba su propia regla le caían encima, cual losa de mármol de Carrara, las razones y motivos de la existencia de tal regla.

Al llegar notó ya extraño el ambiente … sonrisas perfectas, miradas fugaces … ella, vestida como siempre acorde a su personal gusto y estilo, luciendo uñas azules y brazalete romántico le presentó su hogar; mientras, él abría, casi con reverencia, la botella de whisky que esperaban fuera objeto de sus brindis y disfrute esa noche.

La casa le pareció encantadora, llena de detalles que se adivinaban elegidos con esmero: una original lámpara junto al sofá, un oso que parecía querer salir de la habitación del hijo mayor cargado con todos sus tesoros, lo divertido del cuarto del pequeño Mairo, un curioso taburete triangular en el baño, el sillón de harapos en el estudio y, también allí, un espejo homenaje a los viejos tiempos y viejos golpes …

Volvieron al salón, y no bien sacó ella una cristalería a la altura del soberbio licor que esperaban degustar, hubo un extraño y breve cruce de reproches que terminó con él y el whisky sin hielo solos en el salón y su viejo amigo con su encantadora esposa en el vestíbulo …

No quiso llevar su atención ni sus sentidos en ellos, fingió mirar el reloj, interesarse por una revista abandonada sobre el sofá, incluso por el televisor que parecía tan recién llegado a aquel salón como el mismo… nada más lejos de su intención que entrometerse … pero a quienes miran con el corazón les basta una visión fugaz para percatarse de mil detalles ajenos a cualquier otro observador.

No fue su gesto abatido, tampoco el dulce aroma que parecía envolverla, ni tan siquiera sus lágrimas lo que golpeó su sentir … fue el amor perdido y lastimado en su mirar, el momento de rendición dolida, el punto sin retorno en que la vio … viéndose él de nuevo en África, ante el mismo mirar y rendirse … en otros ojos.

Se dedicó media sonrisa cargada de profunda ironía al oír el sonoro portazo, y pensarse a sí mismo dando fin a aquella botella con una charla sincera, al cabo de un rato sin duda ya entre borrachos, con su bohemio y caótico amigo …

Y se topó una vez más con su reflejo cansado en el cristal y sintió de nuevo el peso de sus errores … pero esta vez también la ilusión de sus enmiendas … porque esa era su apuesta, una enmienda a la totalidad de su vida … que empezaba por tenerla de nuevo a ella ante sus ojos …

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