The Sunday Tale+por Berta Rivera

Son mis amigos.

"Se acostó agotada, exhausta de emociones e ilusiones, sintiendo todavía una mezcla de embriaguez y resaca tras tanto brindis, tanta copa …"

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Se acostó agotada, exhausta de emociones e ilusiones, sintiendo todavía una mezcla de embriaguez y resaca tras tanto brindis, tanta copa … pero feliz. Miró una vez más aquellas muñecas viajadas y vividas, ya colgadas junto a la cómoda y, sobre ella, aquel jabón de tan agradable aroma y tacto, nuevas aportaciones a ese cuarto suyo que era, cada vez más, un reflejo de sí misma. Se traía mucho más de su fin de semana en Mallorca y se durmió con los fotogramas de lo vivido aún frescos en su memoria …

Marta en el aeropuerto, tras haberla llamado a las 6 de la mañana para contarle, desde un Constellation Quest, que la recogería en un Bentley; todo ello cortesía de la espectacular Claudia que las esperaba, a ambas y a todos, en su lugar en el mundo, esa casa en Mallorca que nunca tuvo y ya nunca dejaría de tener y dónde se verían, por siempre y para siempre, cada primer fin de semana de julio.

Isabel, feliz ahora como nunca, con sus Jennifer perfectamente anudadas; atrás quedaba el susto del despido, de aquel frío “gracias por los servicios prestados” que resultó ser la oportunidad que esperaba; su hermano Carlos, siempre con un reloj deportivo en la muñeca derecha; Sebas con el jet-lag pintado en su rostro tras dejar a su Sao Paulo querido al cuidado de la arritmia roja; Alicia, desde Barcelona, con pequeños dulces de amigurumi para todos; Aguirre con su look 100% made in Italy, Guille y los demás … así hasta 10, los 10 de una vida en la calle y esa noche, de una mesa.

Fin de semana de encuentros, de abrazos, risas, recuerdos; de verse, de sentirse y de quererse; de vidas recompuestas y descompuestas para volver a componerse; de ilusiones y de veranos sin fin. Fue el fin de semana en el que el tiempo volvió atrás y, en una extraña pirueta del destino, dio un salto hacia adelante y se paró cerca, muy cerca, poco antes de llegar a ese fin de semana …

Ocurrió cuando Claudia, subida sobre unos Chocolate D’or, agradecía la presencia de tantas gentes ilustres en aquella cena benéfica… miró a su querida mesa 10 con un guiño y continuó hablando acerca del destino de los fondos recaudados. No supo entonces si la tierra dejó de girar o siguió haciéndolo incluso a mayor velocidad, no tenía consciencia del entorno, ni tan siquiera de sí misma: allí estaba él, entre otros, no tan moreno como otras veces y con el pelo más oscuro – menos mar, imaginó – hablando de sus muebles navegados, de su Living Meki … de su África …

Si, quizá ya te hayas dado cuenta de que este relato, además de un guión, el de los creadores y colaboradores de loff.it, tiene una banda sonora: la de Amaral “son mis amigos”. Pégate el lujazo de escucharlo en un plato o al menos con tus cascos.

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