The Sunday Tale+por Berta Rivera

Loff dreams.

"Feliz como sólo puede uno sentirse las tardes de verano, dejando a su paso un sutil rastro de Jasmin Noir y con un arcoiris y un flamenco en sus manos, caminaba sin prisa ..."

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Feliz como sólo puede uno sentirse las tardes de verano, dejando a su paso un sutil rastro de Jasmin Noir y con un arcoiris y un flamenco en sus manos, caminaba sin prisa por su barrio de siempre; la esperaba su sobrina, con sus 15 años y una pierna rota, sintiendo que se le escapaba la vida por aquellos días de encierro y escayola.

Besos, abrazos, te quieros … y regalos; el cuaderno de Maya y Allende, junto con un par de divertidos anillos de flan y chocolate para la convaleciente, y la estilizada amapola de Kenzo para su madre.

Esto es un horror – se quejó la joven mientras colocaba sus regalos sobre un divertido mueble de colores, cuidando no tirar su siempre fresca jarra de té helado – para cuando pueda moverme habrá llegado el invierno … – ella no pudo contener una sonrisa al ver el atormentado gesto de su sobrina y los no menos desesperados ojos de su hermana. – ¿Has probado a escribir los sueños? – con la expresión de extrañeza en el rostro de la accidentada pintó fingida indignación en el suyo – no me digas que ni tan siquiera has jugado a inventarlos …- ¿inventar sueños? ¿despierta? – sí! los sueños se inventan! se pintan, se escriben … y algunos, los que más peleas, se realizan … – aún sintiéndose arrollada por la pasión que le transmitía su tía, no alcanzaba a entender… – pero ¿cómo se inventan? ¡aquí mirando al techo no puedo ni pensar! – ella sonrió – demos un paseo … – y tomó el iPad que su hermana, sonriendo, le acercaba.

Disfrutaron el flamenco lorquiano y pasearon una Toledo rendida a su Grecco antes de trasladarse a un remoto lugar de China 260 años atrás; volvieron después a Europa para acariciar la pasión y el sueño de Gucci, surcar las olas de Cádiz y terminar su viaje en el rincón del mundo en el que Noruega casi es mar.

Apareció entonces el padre de la accidentada con un pequeño paquete azul certificado entre sus manos – me voy antes de que me hayáis visto, ni loco me uniría a semejante akelarre – comentó riendo mientras dejaba el paquete en manos de su hija.- uh! life looks good! – gritó emocionada, al tiempo que se deshacía del envoltorio y descubría un divertido bolso de Ametlla.

Ella observó los trazos firmes del remitente y se acercó a la ventana sintiendo que, una vez más, el pasado se cruzaba en su presente como ya le ocurriera en Mallorca … aún sabiendo que no debía sorprenderse, al fin y al cabo era la ahijada de ambos … – cuando alguien se cruza en tu vida una y otra vez … debe ser por alguna razón – sentenció la adolescente que no sabía soñar …

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