The Sunday Tale+por Berta Rivera

Error.

Érase una vez la historia de un tipo que decía 'errare humanum est' pero olvidaba añadir 'sed perseverare diabolicum'. Errar es humano, perseverar en el error... diabólico.

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Ya de madrugada, terminada su jarra de café y el trabajo pendiente que le había obligado a recurrir a ella, estaba a punto de dar un descanso a su cabeza pero decidió aguantar un poco más porque había estado trabajando la intensa noche con la gala de entrega de los Premios Oscar de fondo y faltaba  ya poco para la entrega del galardón a la mejor película.

Cerró el ordenador y trasladó, no sin esfuerzo, su cuerpo al sofá para ver el final de la gala sin saber que sería el final más accidentado jamás visto, propio del ser humano… Vio, con absoluta estupefacción el cúmulo de despropósitos que llevaron al anuncio y entrega del premio a la película equivocada y como era el falso premiado el que tenía que arreglar el desaguisado y anunciar al verdadero ganador; como si le hiciese efecto de repente todo el café que había bebido durante la noche, sus ojos se abrieron por completo mientras trataba de entender qué estaba viendo.

Errare humanum est, pensó, y pensó también que ese sería el titular de más de una noticia al día siguiente porque de eso, esencialmente, iba la falsa entrega del Oscar; del error de quien entregó el sobre equivocado, del error del caballero que, viendo que el sobre no contenía la información correcta, no supo reaccionar de modo alguno, del error de la dama que acudió en su ayuda y leyó la papeleta sin mirar… No fue un error, pensó camino de la cama, fue una cadena de errores propia de un país de pandereta más que de los todopoderosos Estados Unidos de América aunque… ¿quién decía que no eran compatibles las dos cosas?. Errare humanum est, pensó de nuevo, sed perseverare diabolicum…

Al día siguiente, después de maldormir unas horas, regalarse una larga ducha y ver los titulares de los periódicos café en boca, no pudo más que reafirmarse primero para negarse después, errar era humano y obviar ese hecho era tanto como negar el ser humano pero errar tantos concatenadamente era más bien cosa de mal de ojo o del ojo de un tuerto mirando mal… ¿o era tal vez la mediocridad del mundo haciéndose presente y patente?. No lo sabía… o no quería saberlo. Prefería quedarse con la enseñanza subyacente, errar es humano, perseverar en el error -ya sea por miedo, por incapacidad o por despiste- es diabólico, simplemente imperdonable; y por eso aprender de los errores es un deber irrenunciable.

Se calzó sus zapatillas de andar la vida para caminar Madrid mientras pensaba en sus errores pendientes, que eran de facto sus lecciones, sus nuevos aprendizajes.

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