The Sunday Tale+por Berta Rivera
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Adelante.

Por más vueltas que daba sobre sí misma, sabía que la vida era un camino de dirección única que antes o después debería afrontar.

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Revisó la dirección y la introdujo en el sistema sabiendo que, aunque la incluyera cantando y hasta bailando una jota, acabaría perdiéndose al menos tres veces antes de llegar a su destino; no recordaba haber llegado bien a la primera a ningún lugar al que no hubiera ido al menos 10 veces. Solía preocuparse por su exagerada falta de orientación pero con los años había aprendido a convivir con sus taras, saldría con tiempo de dar tres vueltas al globo y llegaría a tiempo a su destino; –adelante– se dijo.

Se aseguró de llevar a mano las gafas de sol y encendió la radio para poner banda sonora a su aventura; giró en una rotonda tres vueltas completas antes de tomar la salida equivocada, tampoco importaba mucho, tenía tiempo y a ‘alguien’ recalculando el recorrido. Sonreía al pensar en la angustia vital que había llegado a sentir en situaciones como aquella, ya no, tenía una gran capacidad para perderse y había decidido asumirla y disfrutar siempre el viaje.

Y es que, además, si algo había aprendido es que por más vueltas que diera, por más caminos equivocados que tomara, por más riesgos que obviara, por grande que fuera el miedo, por muchas señales de prohibido que tuviera que sortear, por muchos stops o cedas que encontrara, semáforos y hasta los amigos de la benemérita a la vuelta del radar, si sabes donde vas, al final siempre llegas a tu destino, a veces tarde y muy cansado pero ¿qué importa? cuanto más tarde, cuanto más cansado y cuantas más vueltas hayas tenido que dar hasta llegar, más habrás vivido y aprendido y mejor preparado estarás para el futuro que te habías propuesto por destino.

Apagó la radio porque tendía a abstraerse con la música y, tratándose de un camino hasta entonces desconocido, necesitaba todas las capacidades de su cabeza al servicio de un ínfimo sentido de la orientación; cuando vio la entrada de la pequeña casa a la que se dirigía se sintió especialmente satisfecha, al fin y al cabo sólo le había costado alguna vuelta a extra a una rotonda y un par de salidas equivocadas, había tardado un poco más de lo esperado pero había llegado a tiempo porque el futuro, cuando es un sueño, nunca se desvanece…

Claro que sus problemas no habían terminado, es más, tenía la sensación de que no habían hecho más que empezar porque ahora tenía que buscar aparcamiento en una calle atestada de coches pero para eso contaba con una aliada excepcional, su paciencia, que la acompañó calle arriba y calle abajo, mientras escuchaban una voz de fondo que decía ‘ha llegado a su destino‘; hasta tres veces pasó por la puerta de su destino sin encontrar aparcamiento, a la cuarta se atrevió a tomar un desvío y encontró el hueco perfecto para su coche.

Se aseguró de cerrarlo correctamente y caminó despacio por la acera respirando profundamente, sabiendo que había llegado a tiempo porque el tiempo ya era suyo, sabiendo que no importaba cuantas vueltas hubiera dado para llegar allí ni cuantas fuese a dar en el futuro, tenía la certeza que sólo había una marcha en su vida, la que la llevaba siempre hacia delante.

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