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Una foto en Las Ventas y un Batmóvil por Madrid.

De una foto en Las Ventas en el Madrid de 1959 al coche de un superhéroe...

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Una foto. Una foto con fecha, 26 de marzo de 1959. Y con sitio, la Plaza de Las Ventas de Madrid. Teniendo en cuenta que vamos a terminar hablando de Batman, es un sitio extraño donde comenzar. En la foto vemos a tres personajes que es posible que nos suenen, sobre todo dos de ellos. Glenn Ford, Debbie Reynolds y Eva Gabor. Ford y Reynolds son dos grandes estrellas de Hollywood, con Gabor un escalón por debajo. Lo curioso de la foto es que nadie parece prestarles demasiada atención. Tan sólo una señora al fondo parece observarles. O la corrida era muy interesante o estaban jartitos de verlos por allí, porque sabemos que no era la primera vez que aparecían por la plaza.

Estaban en Madrid para rodar una comedieta, de esas románticas, llamada Empezó con un beso. La mayoría de la acción transcurría en Madrid, y hasta aquí se había trasladado el equipo de rodaje con el director George Marshall a la cabeza. Habían comenzado a rodar en el “simpático y tipiquísimo Rastro” (como explicaba el Blanco y Negro), el 14 de marzo. Allí sí que provocaron animación, y la atención del NO-DO, que dedicó un par de minutos a explicarnos que los “interviuvadores” (sí, tal cual, os lo juro) habían estado con las estrellas norteamericanas. Ese mismo día, por la tarde, se fueron por primera vez a Las Ventas, a rodar.

Por aquellas fechas, Debbie Reynolds estaba divorciándose de Eddie Fisher, el padre de la Princesa Leia, que la había dejado por una tal Elizabeth Taylor. Debbie no sabía que al Fisher la vida se la iba a devolver cuando Cleopatra conociera a Marco Antonio, pero lo mismo tampoco la hubiera consolado mucho. La que intentó consolarla, o al menos hablar un rato con ella aquella tarde en Las Ventas fue la Gabor, de las Gabor de toda la vida, que se encerró con ella en uno de los trailers del rodaje para charlar un ratito de sus cosas. Fuera del trailer comenzó una tormenta de no te menees, y el equipo de rodaje en pleno tuvo que dejar allí los bartulos y largarse. Todos, menos Debbie y Eva, que le seguían dando a la húmeda en la caravana. Hasta que se dieron cuenta de que las habían dejado solas. Según cuenta Debbie Reynolds, no tenían “ni pesetas ni pesos”. A saber de que la hubieran valido los pesos para coger un taxi en Madrid, pero allá ella. Lo mismo se podrían haber informado antes por Ava Gardner, que estaba habituada a cogerlos a la salida del Chicote o el Pasapoga. El caso es que Eva Gabor tuvo que pagar el traslado al Hotel Palace con una de sus joyas.

Aparte de la propia ciudad de Madrid, algunas escenas en Granada, Cádiz y Segovia, no salía ningún actor español en la película. Hasta el torero que salía, porque por supuesto tenía que salir un torero, era un mejicano que interpretaba Gustavo Rojo, que era uruguayo. Y es que los responsables de la película no estaban demasiado interesados en España más que como fondo pintoresco, un lugar donde la presencia de los americanos chocase con un país con pinta de segundomundista y así poder desarrollar la trama. Por ejemplo, a saber dónde se informaron para rodar una supuesta boda en Granada que se ameniza con el muy andaluz y granadino baile de… la Jota.

Y es que, teniendo de telón de fondo esa España de pandereta, vino y toreros que imaginaban los americanos, lo que tenía que destacar era el otro protagonista de la película, y quizás el más importante: un coche. Un Lincoln Futura del 55. El Lincoln Futura había sido un prototipo, uno de esos modelos (sólo una unidad) creado para aparecer en una feria y mostrar los avances futuros de la marca. El prototipo, que era de color perla en un principio, se pintó de rojo porque daba mejor en pantalla, y se utilizó en Empezó con un beso para que llevara a la pareja de Glenn y Debbie por esa España del 59, para que se parasen en el semáforo del Palacio de Linares y congregasen a una multitud a los que aquel coche les parecía sacado de las historietas de Flash Gordon, para que les escoltase la policía por la Calle Bailén delante del Palacio Real.

En realidad, para los gustos europeos, el coche era todo menos bonito, exagerado al gusto americano de Cadillacs con un punto futurista que le quitaba más encanto del que le daba. Viéndolo en la distancia, le da mil vueltas el Mercedes blanco descapotable del torero que también sale, aunque el uruguayo que hace de mejicano se quede alucinado al ver el Futura en la carretera. Pero los americanos son los americanos, y sus coches sus coches. Y el Lincoln Futura, tras volver a Estados Unidos, cayó en el olvido y en la oscuridad de un garaje donde permaneció años cogiendo polvo. Hasta que en 1966 alguien pidió a su propietario, un tal George Barris, un coche para una serie de televisión. Barris, que se dedicaba a trucar coches para el cine, y que sólo tenía tres semanas para hacerlo, sacó el Futura del garaje, lo pinto de negro con detalles rojos, le hizo algún trabajito de chapa por aquí y añadió algún detalle por allá, y lo entregó a la productora. La serie era Batman. Y por supuesto, el Lincoln se convirtió en su Batmóvil. Un Batmóvil que había paseado por Madrid.

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