El 66 de Sunset Boulevard+por Adolfo Suárez
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Sidney Poitier era negro y Eddie Murphy un superdetective en Hollywood.

Antes, cuando yo era un crío, Sidney Poitier era negro, y afroamericano sonaba a un adjetivo demasiado largo para definir algo tan sencillo.

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Lo curioso del racismo, de nuestro racismo, del que llevamos dentro y no sacamos nunca en las encuestas, es que sale cuando menos te lo esperas, con sorpresa incluso para ti. Yo, por ejemplo, nunca me di cuenta de que Sidney Poitier era actor hasta que me enteré de que Will Smith era negro. Y es que de Sidney Poitier lo único que parecía importar era su color de piel, aunque fuera porque a pesar de él superaba todas las barreras posibles para todos los que compartían el mismo tono. Antes, cuando yo era un crío, Sidney Poitier era negro, y afroamericano sonaba a un adjetivo demasiado largo para definir algo tan sencillo, y en la tele Katharine Hepburn y Spencer Tracy eran adorables racistas de toda la vida que habían hecho La costilla de Adán y su hija llevaba a un negro a cenar, y se armaba la de Dios. Y nosotros secretamente les entendíamos, porque los afroamericanos, los subsaharianos y los vendedores de camisetas de Cristiano en mantas en la calle no existían. Sólo existían los negros de las películas, que eran como Sidney Poitier, y que tenían todo el derecho del mundo a todo, igual que nosotros, aunque (ay, ese “aunque”) fueran negros, porque nosotros no eramos racistas, como los gitanos de Fuencarral, que no querían vivir como nosotros y que nos robaban las mochilas y vendían droga, como si esto fuera el Harlem ese.

Luego llegó Will Smith y se colocó en Bel Air y Eddie Murphy se hizo Superdetective en Hollywood. Y Eddie no era negro ni afromericano, era un cachondo. Y como no luchaba por los derechos de los negros ni parecía importarle la mayoría de las veces para bien o para mal su color de piel, para nosotros tampoco tenía importancia, porque además éramos muy jóvenes para tener hijas que le invitasen a cenar y lo que nos hubiera molado era que Will Smith, el actor de color, hubiera hecho rap en aquel banco de la plaza, porque nunca hemos sido racistas, aunque lo primero que hubiéramos dicho si Sidney hubiera aparecido en aquella plaza fuera: “Mira, el negro al que invitaron a cenar Tracy y Hepburn”.

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