El 66 de Sunset Boulevard+por Adolfo Suárez

Diana Rigg, de Señora de Bond a Reina de Espinas.

Diana Rigg no sólo fue la única chica Bond que logró convencer a James Bond para casarse. También ha sido la única que se ha convertido en una Reina de Juego de Tronos.

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Afortunadamente, han pasado los tiempos en los que se consideraba un logro básico para cualquier mujer llegar al matrimonio, aquellos en los que obtuvo toda su mala fama y ponzoña el termino solterona, pleno de fracaso, como si no casarse nunca pudiera ser una opción y siempre fuera una derrota. Aún así, hemos de reconocer, quizás porque aún nos habitan esos restos de viejas maneras de pensar, que nos dibuja una sonrisa en el rostro dar ese mérito a Diana Rigg, por desafortunado y machista que parezca, y es que la otra mitad de la pareja se llamaba Bond, James Bond. Y algo de tarea titánica y casi imposible hay en el asunto, hay que reconocerlo.

Sí, Diana Rigg fue la única que pasó de Chica Bond a Señora Bond. Y eso no se lo puede quitar nadie, por mucho que el Bond fuese el tristón de Lazenby, que posiblemente ya le hubiera gustado a ella que fuera Connery, el Bond más Bond. Tampoco es que le durara mucho el matrimonio, que ni para perdices tuvieron tiempo, asesinado el personaje por los malvados malvadísimos de Spectra, y por los productores de la saga, que con total seguridad no le presumían excesivo beneficio a un 007 con licencia para matar pero con poca licencia para seducir.

Claro que siendo sinceros, tampoco Diana Rigg ha sido una chica Bond cualquiera, incluso antes de ser mujer de James o después de dejarlo viudo. Antes, porque aportaba al matrimonio bastante más experiencia en eso del espionaje internacional que el propio Bond, no en vano había encarnado a la agente Emma Peel de Los Vengadores, serie británica de televisión en la que curiosamente había tomado el relevo de Honor Blackman, actriz que había dejado su papel seducida por una oferta para ser… chica Bond en Goldfinger.

Si Los Vengadores era un éxito, la irrupción de Diana Rigg, tan sexy como capaz, tan elegante como divertida, con tanta química con su protagonista masculino, la llevó a ser toda una leyenda de la televisión inglesa. Y no sólo eso, la condujo a ser la primera serie de fuera de Estados Unidos en ser emitida en la televisión norteamericana. Y con audiencia.

Claro que no todo era tan bonito entre bambalinas para la futura señora 007. Ya instalada en su papel y consciente de su poder, le preguntó a los productores sobre su sueldo,que no sólo no era equivalente a su contrapartida masculina, es que no llegaba a superar a los operadores de cámara. Todo un despropósito que logró reconducir para conseguir un trato más digno de acuerdo con su importancia.

Para después de su efímera relación con el agente 007, Diana Rigg dejó una más que apreciable carrera en el teatro británico, que le proporcionó, entre otras cosas, el título de Dama del Imperio Británico, el equivalente femenino de Sir. Apenas tuvo relaciones tangenciales con el cine o la TV, de lo que por otra parte terminó por renegar cuando se convenció de que se había hecho invisible para las pantallas en cuanto su físico siguió el curso normal de la edad.

Sin embargo, a Diana aún le quedaba convertirse en reina. Ser la cabeza de toda una dinastía y comerse con patatas a todos cuanto la acompañan en una escena de la popular Juego de Tronos, donde encarna a la Reina de las Espinas, Olena Tyrell. E imaginamos que sin tener que preguntar lo que gana un operador de cámara. Bien por Rigg, Diana Rigg.

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