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1911.

Este reloj está destinado a quienes aman la sencillez, la sobriedad, la elegancia y el minimalismo.

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En el año 1911 nacieron grandes escritores como Tennessee Williams, Gabriel Celaya y Ernesto Sabato, el saxofonista Eddie Miller, la actriz Ginger Rogers o el piloto Juan Manuel Fangio… Y ese mismo año, en pleno corazón de la Suiza relojera, y gracias al espíritu pionero de Alice Levy y Eugene Blum también vio la luz la firma EBEL. Han transcurrido cien años… Cien años de creatividad y experiencia, cien años de precisión y armonía, de excelencia y autenticidad. Por eso en 2011, EBEL no sólo celebra su aniversario, sino también los valores inculcados por sus fundadores y conservados durante un siglo con firmeza y convicción.

Como si el tiempo se hubiera detenido, EBEL celebra este doble evento con una edición limitada de 1911 piezas, única, atemporal e inspirada en uno de los clásicos de su historia: el Ebel Classic 100. En una caja de acero meticulosamente pulida y redondeada se mueven las agujas tipo hoja diamantadas, el segundero azulado; la fecha se sitúa a las tres, como manda la tradición. Por supuesto, el movimiento es automático, el cristal de zafiro antirreflectante y soporta una presión de cinco metros. La correa es de piel de cocodrilo en negro y rematada con hebilla ardillón.

Este reloj –ya considerado hoy como el heredero de EBEL- está destinado a quienes aman la sencillez, la sobriedad, la elegancia y el minimalismo. Porque las más finas creaciones surgen de una bonita historia de amor y este es precisamente el caso de EBEL. Alice y Eugene, los primeros arquitectos del tiempo, fueron pareja durante toda su vida e imprimieron a la firma el símbolo de su personalidad y su unión.

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