La Ola de Blancpain, un espectacular reloj todo arte (lo mires como lo mires).

De los talleres de Oficios Artísticos de Blancpain, un Villeret que es otra obra de arte de una obra de arte.

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Kanagawa Oki Nami Ura, La Ola de Kanagawa (o La Gran Ola de), a la que los artesanos de Blancpain han otorgado una nueva vida, es probablemente una de las obras más conocidas y admiradas del arte japonés y es además una de las obras más reproducidas de todos los tiempos, aunque es poco sabido que no es una pintura al uso si no un grabado del que se hicieron originalmente miles de reproducciones.

Katsushika Hokusai, el autor, contaba más de 60 años y una larga experiencia y todo el reconocimiento a su obra y talento, aunque arruinado por aquel entonces, cuando comenzó la serie 36 vistas del monte Fuji (que acabarían siendo 46), y más de 70, sobre 1830, cuando La Gran Ola comenzó a ser conocida en todo Japón. Para la estampación original utilizó un color que hasta entonces no se conocía en Japón, el azul Prusia, recién importado a Japón desde Holanda, ese color tan característico de la obra que varía levemente en función de cada estampa, lo que tiene el trabajo artesano. Su éxito en esa Europa orientalista llena de artistas que coleccionaban estampas del exótico y lejano Japón llegaría a finales del mismo siglo: Klimt, Degas, Renoir, Monet, Van Gogh…

Y qué mejor obra que esta para un shakudō (de la colección Villeret), esta serie de obras de arte que salen de los talleres de Oficios Artísticos de la relojera Blancpain, dado que el shakudō es una aleación de oro y cobre (más o menos del 10%/90%) que como sospecharás proviene de japón, originalmente empleada para decorar las katanas con una pátina que se consigue con el Rokushō con la que el color bronce de la aleación acaba convirtiéndose en un color oscuro que varía, según la procedimiento, entre un azul violeta oscuro, un aguamarina y un oscuro negro. Para desarrollar esta espectacular obra de arte, Blancpain además ha utilizado al obsidiana plateada de Méjicopor sus virtudes relajantes” en contraste con la brutal belleza de las olas de Kanagawa (de entorno a los 12 metros). Una roca volcánica vidriosa sobre la que se aplica el detalle de La Ola en oro blanco con plateados brillos.

El resultado de horas y horas de trabajo artesanal con la perfección de la técnica de Blancpain es un reloj de una presencia espectacular, en una caja doble ponme de platino de 42 milímetros y 10.55 milímetros de grosor, cristal de zafiro, que esconde además el modificado calibre 13R0, el 13R3A con una reserva de marcha de 8 días, que incorpora 28 rubíes, 211 componentes y tres barriletes en serie que se arman y desarman sucesivamente, y al que ha habido que cambiarle la visualización de la reserva de marcha para que se ajustara al grabado. Incluso la correa es un trabajo de artesanía, con piel de vaquilla en un gris tormenta, las hace un artesano suizo para crear un perfecto reloj de coleccionista. Los Villeret son piezas únicas.

Al final de sus días, lejos de los más de 110 años que esperaba alcanzar para lograr las más altas cotas de perfección artística, Hokusai había producido no menos de treinta mil obras pictóricas cada vez más perfeccionadas y había utilizado para ello más de treinta seudónimos. La Ola de Blancpain es un gran homenaje a esta única obra casi 200 años después de su concepción con la que Hokusai sin duda se hubiera emocionado. Como nosotros. Una obra de arte inspirada en otra obra de arte, la sublimación del arte y la tecnología. No tiene precio.

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